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Época de calor - Columna AMVEB Laguna

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En ésta época en la Comarca Lagunera el estrés calórico es una de las principales preocupaciones de los Médicos Veterinarios, Zootecnistas, Ganaderos y Administradores dado los efectos que tiene en la salud y el desempeño del ganado lechero, principalmente en la eficiencia alimenticia, la producción, la reproducción y sus repercusiones económicas. La condición climática durante el verano es uno de los problemas más serios que afectan la industria lechera en áreas tropicales, subtropicales y zonas áridas del país, donde el estrés calórico juega un papel de importancia sobre la productividad del ganado lechero.

Es necesario poner en contexto algunos conceptos para analizar posteriormente sus efectos. El ganado lechero al igual que otras especies tiene su mejor desempeño o “performance” en un rango de temperatura, dentro de la cual el animal puede estar sin que sea necesario activar sus mecanismos de autorregulación térmica y la cual se define como “zona de confort”.

Los bovinos al igual que todos los mamíferos, son animales homeotermos, es decir, organismos que a pesar de las fluctuaciones en la temperatura ambiental son capaces de mantener relativamente constante la temperatura corporal. Esta capacidad es esencial para una multitud de reacciones bioquímicas y procesos fisiológicos asociados con el  metabolismo normal en condiciones de homeostasis. Este equilibrio con el medio ambiente se puede ver alterado ante una situación de estrés, la cual en el caso de deberse a altas temperaturas se denomina “estrés calórico”. En los bovinos el estrés calórico desencadena una serie de reacciones metabólicas que impactan directamente sobre su conducta, eficiencia reproductiva y rendimiento productivo.

El calor corporal total procede de tres fuentes básicas que son, en orden de importancia, el metabolismo normal, el medio ambiente y la actividad física y productiva. La vaca usa el 60-65% de la energía consumida diariamente en la producción de carne o de leche y el 35-40% es convertida en calor. Cuando el animal requiere disipar el calor emplea dos tipos de mecanismos: la “transmisión” que es responsable del 75% del calor disipado por el bovino utilizando los sistemas de radiación, conducción y convección, y la ”vaporización” que es responsable del restante 25% del calor disipado utilizando los sistemas de transpiración o sudoración y de expiración o jadeo. Los bovinos poseen un sistema de sudoración deficiente frente a otras especies como el hombre y el caballo, en los cuales es muy eficiente. En el bovino lechero la disipación de calor por la excreción de heces y orina no es muy relevante.

La otra fuente de producción de calor es, como se dijo, la temperatura o calor ambiental. Desde los años 50 del siglo pasado los estudios de Brody y más tarde en los ochentas los de Herman, en los Estados Unidos, han establecido unos puntos críticos en donde las temperaturas ambientales provocan reacciones fisiológicas de actividad metabólica en los bovinos. El primer punto crítico se ha denominado termo-neutralidad que corresponde a la temperatura ambiental de 18ºC en la cual el calor corporal está en equilibrio. El segundo punto crítico es el rango de temperatura ambiental entre los 6ºC y los 21ºC denominado “zona de confort” o “comodidad térmica”, entendida ésta como la zona en la cual la vaca obtiene por los mecanismos termorreguladores normales, el ajuste de la temperatura interna sin gasto alguno de energía adicional. De hecho se podría afirmar que los bovinos lecheros (Bos taurus) paradójicamente, tienen mayor capacidad para soportar las temperaturas bajas que las altas. Por la  presencia de estaciones se ha estudiado la tolerancia en vacas lecheras a temperaturas menores de 5ºC. Una vaca adulta en su pico de lactancia es muy tolerante a temperaturas muy bajas de hasta -17ºC o menos, porque genera mucho calor con el nivel de metabolismo normal y con la fermentación bacteriana en el rumen. En cambio, cuando la temperatura excede los 27ºC, aún con niveles bajos de humedad, la vaca se encuentra por fuera de la zona de confort y empieza a presentar dificultades para mantener la temperatura corporal, viéndose obligada a invertir energía adicional para iniciar los mecanismos de termorregulación, sacrificando su utilización en actividades productivas y reproductivas.

La tolerancia al calor se mide a través del Índice de tolerancia y cuando un animal tiene 100 se considera bien adaptado a la temperatura y humedad ambiental. Desde los años 60 se dispone de un Índice de Temperatura-Humedad o ITH. El aumento de cada punto en el ITH por encima de los 18 ºC  significa en ganado de leche una  disminución de 0,26 kilos de leche por día, una disminución del consumo de 0,23 kilos de forraje por día y un incremento de 0,12ºC en la temperatura corporal de la vaca.

Cuando el animal supera el límite superior de la zona termo neutral, el mantenimiento de su temperatura corporal normal empieza a alterar su tasa metabólica basal. Cuando la combinación de los factores ambientales (temperatura y humedad) y de manejo persisten por períodos prolongados, se genera un estado de respuestas fisiológicas y de comportamiento conocidas como estrés. Se define el estrés como “todos aquellos factores ambientales que afectan el estado normal de bienestar del animal”. Las repercusiones del estrés calórico están influenciadas por una serie de mecanismos de adaptación del propio organismo de la vaca. Pero el hecho es que afecta definitivamente la productividad del animal, la aptitud reproductiva y la salud de las vacas. A medida que el calor ambiental se aproxima a la temperatura corporal (37,5-39,5ºC) los mecanismos de disipación de calor no evaporativos (radiación, conducción y convección) pierden efectividad y se reduce a la evaporación como única y principal forma de disipar el calor generado por la vaca.

La disminución en la producción y componentes de la leche por causas de estrés calórico se debe en parte a la disminución del consumo de alimento, alteraciones ruminales, al balance negativo de energía, cambios en el metabolismo de nitrógeno, al efecto de las hormonas lactogénicas (Hall, 2000), cambios en la concentración sanguínea de hormonas metabólicas y de la reproducción (Flamenbaum, 1997), incremento de la temperatura corporal y cambios fisiológicos que reducen su eficiencia reproductiva y productiva.

El estrés calórico afecta negativamente la rentabilidad y viabilidad económica de la actividad ganadera en nuestra región y le impone una severa estacionalidad en todos los aspectos. En los próximos capítulos veremos los efectos del estrés calórico en el consumo de alimento en base a materia seca, su efecto directo  sobre  la producción y la reproducción en donde tiene mayor impacto económico. Por otro lado analizaremos sus repercusiones en cada especialidad y sus medidas preventivas. el manejo adecuado para mejorar el confort o bienestar del animal y mitigar el no posible sus efectos. 

AMVEB Laguna, es una organización de profesionistas sin fines de lucro. La capacitación es parte importante de nuestra misión.

Para mayor información, consulte al MVZ, MA, Esp .Cert. Arturo C. Sánchez Mejorada Porras

arturosanchezmejorada@msn.com

http://www.amveblaguna.com/

 

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